¿Quiénes son mis hermanos? Una reflexión sobre la fe y la verdadera hermandad
*"Ama a los demás como te amas a ti mismo"* (Mateo 22:39, PDT).
Ahora bien, ¿quiénes son mis hermanos? ¿Acaso son todos? De esta pregunta surge otra: ¿quiénes son hijos de Dios? ¿Todos somos hijos? La respuesta es no. Solo aquellos que hacen la voluntad de Dios y guardan sus mandamientos son considerados hijos. Los demás son criaturas. Todos somos criaturas de Dios, pero solo aquellos que reciben la adopción por la promesa son verdaderamente sus hijos.
*"Pero a todos los que lo recibieron y creyeron en él, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios"* (Juan 1:12, PDT).
Muchos dicen creer en Dios, pero hay una gran diferencia entre creer en Él y creerle y obedecerle. Muchos cantan, pero pocos son verdaderos adoradores que se entregan como ofrendas vivas, no solo cantando en una congregación.
*"Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad"* (Juan 4:24, PDT).
Cuando alguien dice que cree, decimos: "Somos hermanos". Pero no basta con eso, porque incluso los demonios creen y tiemblan, y ellos no son nuestros hermanos, sino nuestros adversarios.
*"Tú crees que hay un solo Dios, y haces bien. Pero también los demonios lo creen y tiemblan de miedo"* (Santiago 2:19, PDT).
Por lo tanto, nuestros hermanos en la fe son aquellos que creen y obedecen a Dios, o al menos se esfuerzan por hacerlo. ¿Y qué pasa si caen y pecan? También se trata de ser honestos y no hipócritas. Vale más el honesto que se esfuerza por levantarse mil veces si cae, que aquel que es religioso e hipócrita y piensa que es muy bueno.
*"Aunque los justos caigan siete veces, volverán a levantarse"* (Proverbios 24:16, PDT).
De esto nos enseñó el Mesías con una parábola sobre quién es justificado primero: ciertamente, el que es honesto y tiene un corazón dispuesto, contrito y humillado ante Dios.
*"Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido"* (Lucas 18:14, PDT).
Así que esforcémonos por ser verdaderos y humildes, queriendo agradar a Dios y no a los hombres, buscando su reino y no el mundo. Busquémosle genuinamente por amor y no por miedo a la perdición o por amor al dinero. Nuestro tesoro debe estar en Dios y no en las riquezas.
*"No acumulen riquezas aquí en la tierra, donde la polilla y el óxido las destruyen, y donde los ladrones entran a robar. Más bien, acumulen riquezas en el cielo"* (Mateo 6:19-20, PDT).
Por lo tanto, los hermanos son aquellos que buscan genuinamente a Dios y no hay engaño en ellos. Si caen, se levantan, pero no viven de apariencias. Reprenden, pero no condenan, a diferencia de otros que son cizaña y se dedican a juzgar y condenar.
*"No juzguen a otros, para que Dios no los juzgue a ustedes"* (Mateo 7:1, PDT).
El trigo y la cizaña se irán separando. Recuerden: muchos serán entregados por personas que dirán tener la mente de Cristo o ser creyentes, pero cuyo corazón está en este mundo. Se adaptan a los planes y agendas del sistema, tuercen la verdad y viven de apariencias.
*"Porque llegará el tiempo en que la gente no soportará la sana enseñanza. Al contrario, siguiendo sus propios deseos, buscarán maestros que les digan lo que ellos quieran oír"* (2 Timoteo 4:3, PDT).
No todo el que dice "Señor, Señor" entrará en el reino, sino solo aquellos que hacen la voluntad de Dios.
*"No todos los que me dicen: 'Señor, Señor', entrarán en el reino de los cielos, sino solo los que hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo"* (Mateo 7:21, PDT).